jueves, 12 de junio de 2008

DE LA ABNEGACIÓN A LA FELICIDAD

Hace un año, siendo yo un joven estudiante universitario, cursando mi primer ciclo en la universidad San Martín de Porres, mientras vivia en Lima, me encontraba realizando labores de voluntariado en un barrio de Lima, fue ahí donde conocí a un maestro de escuela jubilado, victima de un mal incurable. El vivía con una familia obrera en una casa de vecindad. Algo en este pobre viejito me impresionaba; quizás el buen animo y la conformidad que parecía irradiar de su pequeña y esmirriada figura y de sus brillantes ojos castaños. Yo lo visitaba con una frecuencia mayor que la necesaria.

Al llegar el verano obtuve 200 nuevos soles de una sociedad de beneficencia con ayuda de algunos amigos, a fin de ponerle en condiciones de escapar de la ciudad sofocante y pasar un par de semanas en alguna playa de la capital. Sabía que adoraba el mar.

Diez días después lo encontré pálido y con aspecto de cansancio en aquella callejuela. Asombrado, le pregunte como no se había ido de la ciudad. La respuesta tardo un poco en llegar: antes que tomarse el mismo unas vacaciones, había decidido enviar de viaje a los dos niños de su casera. Oyó en silencio mis reproches, y finalmente me dijo con una sonrisa singular: -Alvarito, a veces hace bien… privarse de las cosas-

Un oscuro monje alemán del siglo XV, Tomas de Kempis, en su celda conventual llego al fondo del asunto cuando escribió: “Amenos que te niegues a ti mismo no alcanzaras la libertad perfecta”.

Esta capacidad de autodisciplina es, en realidad, la raíz de todas las virtudes, la fuente de toda la libertad. Para ser moralmente libre, el hombre debe dominar sus instintos; debe en las palabras de las Escrituras: “Gobernar su propio espíritu”.

¡Cuando llegaremos a entender que sin autodisciplina no es posible fortalecer el carácter, ni realizar cosa alguna de valor!... El gran pianista Paderewski resumía una vida de esfuerzo ininterrumpido en esta observación: “Antes de ser maestro fui esclavo”.

En el dominio de si mismo se revelan las virtudes del alma. El hombre disciplinado adquiere esa fuerza proveniente del dominio interior. El ha elegido entre las dos libertades: la falsa, donde uno puede obrar a su antojo, y la verdadera, donde se tiene la libertad de hacer lo debido.

¿Cómo podríamos emprender la tarea de conquistar esta libertad verdadera? Nicolas Telsa, el físico, solía referir como, siendo muchacho, había abordado el problema del dominio de si mismo. “Si tenia algo que me gustaba especialmente, un pastel o un caramelo, lo regalaba aun cuando me doliera hacerlo. Si se me presentaba alguna tarea o un deber que no me agradaba, lo hacia sin tener en cuenta mi inclinación. Con el transcurso de los años, el conflicto ceso. Mi deseo y mi voluntad se identificaron”

El filosofo William James escribió: “No existe persona mas miserable que aquella para quien nada es habitual salvo la indecisión, y para la cual encender cada cigarro, el beber la copa, la hora de levantarse, la hora de acostarse y el comienzo de cada trabajo, son objeto de una deliberación”.

Todos padecemos de alguna debilidad consuetudinaria; tal vez fumamos demasiado, tomamos una o dos copas de más, o malgastamos horas valiosas ante el televisor o la computadora. Comencemos, entonces, por suprimir ese cigarrillo extra, ese segundo o tercer cóctel. Si tenemos alguna manía con el televisor o con el Internet debemos postergar la sesión próxima hasta haber realizado previamente algo que realmente valga la pena. Si acostumbramos comer con exceso, una abstinencia saludable debiera ser nuestra regla. Pronto, al no maltratar nuestro cuerpo con el abuso de halagos, recibiremos la primera recompensa de nuestro sacrificio en una sensación de mayor bienestar físico.

Una vez emprendida la marcha, deberemos profundizar y extender nuestro propósito moral. Deberíamos tomar la resolución, por ejemplo, de cumplir con nuestros deberes con una conciencia más escrupulosa, de nunca dañar a los demás por mucho que ellos nos dañen a nosotros, de mantenernos serenos ante cualquier provocación por grande que sea. Superando las cosas pequeñas lograremos llegar a vencer las grandes dificultades. De tal manera descubriremos un día que, imperceptiblemente, hemos llegado a ser fuertes y a librarnos de hábitos que nos hacían aparecer despreciables ante nuestros propios ojos. Epicteto dijo: “Viva la vida buena y la costumbre la hará agradable”

Nada puede describir la sensación de poder y de satisfacción fruto de una victoria tan duramente ganada. Solamente por la autodisciplina podemos llegar a conocer la felicidad perfecta.

La falacia suprema del género humano es la creencia de que mientras mas tengamos más felices hemos de ser, y de que el mayor enriquecimiento de nuestras vidas solamente puede surgir de la abundancia de bienes.

En esta época en que muchas cosas se resuelven oprimiendo un botón y en que se vive fácilmente, el negarse a si mismo se ha convertido en algo carente de sentido. Ablandados por las ventajas brindadas por la ciencia moderna, hemos traicionado el espíritu de nuestros antepasados, que cruzaron continentes, no sentados en el mullido asiento de un avión Boing 757 sino a pie y a caballo sufriendo penurias increíbles. Estamos perdiendo el poder de prescindir de las cosas. Y, lo que es peor, reclamamos como un derecho inalienable el no tener privarnos nunca de nada.

No obstante, desde los primeros tiempos quienes buscaron el mayor bien de la vida profesaron una filosofía totalmente opuesta. El poeta Horacio, observando la fastuosidad y las locuras de Roma, previendo ante tan egoístas disipaciones la caída de aquel gran imperio, escribió: “A menos que practique la abstinencia, el hombre no podrá gozar del favor de los dioses”.

Quienes están dominados por deseos materiales, viviendo bajo la obsesión del placer, encontraran al final del camino solo el polvo y las cenizas de la saciedad. Sin embargo hoy, para millones de personas, la idea prevaleciente es “¿Cómo puedo divertirme?”. El trabajo se realiza por obligación y la diversión se ha transformado en el verdadero objeto de la vida.

La salvación de este tan perturbado planeta no radica ni en el lujo, ni en la diversión, ni en esas comodidades corporales que quitan vitalidad al cuerpo y enervan el alma. Se encuentra en el corazón y en la voluntad de cada uno de nosotros. El hombre, teniendo en su mano el poder de tejer su propio destino para bien o para mal, ha enjaezado los elementos, ha conquistado el mar y el aire y ha amansado las bestias de la selva; pero jamás conocerá la verdadera libertad y la verdadera felicidad hasta no haber logrado domar su propio carácter.

jueves, 5 de junio de 2008

Puntos de vista...

Lo campesinos de la edad media, que por lo general vivían a la orilla de los bosques, cocinaban con carbón vegetal porque era el combustible que tenían más a mano. Hoy en día, después de tantos años de progreso, los restaurantes “mas fichos”, los que te cobran 80 soles el solo hecho de sentarte y pedir un tenedor y cuchillo, si… esos que te cobran solo por la excelencia de su comida, emplean también carbón vegetal. Así nosotros tenemos por lujo lo que para nuestros antepasados mas pobres fue lo mas corriente.

La mujer primitiva se vestía con las pieles de los animales que su compañero mataba para comer. Hoy día los maridos complacientes se desviven y se esclavizan por adquirir lo que sus antepasados daban con indiferencia a sus mujeres.

Y… ¿Qué hace el hombre moderno cuando tiene un rato de ocio? Se va de pesca o de caza, a veces haciendo un enorme gasto, después de haber viajado quizás muchos kilómetros. El hombre primitivo, por su parte, lo hacia porque si y, después de tener bien surtida la cueva, se tendía a descansar. Según todo esto… ¿Se estarán riendo de nosotros nuestros antepasados?

En una ocasión asistí a una exposición de pintura china y oí a una de las visitantes decirle al pintor que ella deseaba comprar uno de los cuadros: un parajito posado sobre una rama desnuda. Le explicaba, sin embargo, que consideraba muy vacía la pintura y le insinuaba que agregara otras ramas y algunas hojas.
-Si hiciera eso- repuso el pintor –el pájaro no tendría campo para volar.

No son solo los pájaros los que necesitan espacio para volar. El espacio nos proporciona un sentimiento de libertad y tranquilidad, en tanto que una habitación atestada de muebles y adornos no se presta ni para el trabajo ni para el descanso. La importancia del espacio vació se aplica no solamente a nuestros alrededores. Sobre todo, para proyectar nuestras actividades es indispensable que evitemos llenar cada momento. En el tiempo también necesitamos espacio para movernos.

Cuando nos encontramos con alguna persona que de verdad se ha distinguido en la vida social, rara vez le oímos decir: “Jamás dispongo de un rato libre”. Los que han tenido éxito en la vida saben muy bien que se lo deben a las muchas horas que, distraídas de los quehaceres cotidianos, destinaron al cabal desarrollo de la personalidad y al servicio y consuelo de sus semejantes.

Hay una escuela de psiquiatría según la cual “estallar en cólera” es como abrir una válvula de escape para algo novicio. Este punto de vista lo sustentan principalmente los psiquiatras propensos a tales estallidos. No hay nada de cierto en ello. La demostración de ira no conduce a nada bueno; con ella solo se logra inculcar más firmemente el hábito para el próximo estallido. Los niños montan en cólera a menudo. El adulto que se siente impelido a hacerlo, es infantil.

Toda época tiene su epidemia de pánico. Solo que, para poder impresionar a la humanidad cada epidemia debe ser mayor que la precedente. Hoy cunde enorme pánico debido a las grandes bombas esparcidas por el mundo. En otros tiempos la gente se alborotaba lo mismo por la pólvora.

Quizás dormiríamos mejor si leyéramos más de los pensamientos eternos de los grandes pensadores y filósofos de antaño. El poeta James Russell Lowell escribió una vez: “Dios es mi gran consuelo. Creo que a veces lo hacemos reír mucho, pero que con todo nos ama, y que El no nos dejaría jugar con la caja de fósforos con el descuido con que lo permite si no supiera que su universo esta a prueba de incendios”

domingo, 27 de enero de 2008

Viridiana


Un hombre seduce a una mujer desgraciada. Ésta refleja en su rostro su terrible situación, su postura sumisa; el otro, con una sonrisa maliciosa, ambigua, la invita a sentarse un momento. En el mismo desván donde se encuentran, un gato se abalanza sobre un ratón; el cazador atrapó a su presa y todo terminó como debe acabar: con los cánones mundanos ante los cuales no queremos resignarnos. Y de eso nos habla un Buñuel en su máxima forma, un genio entregándonos una obra cinematográfica en su esplendor.

Viridiana, cinta del año 1961, significó el regreso de Buñuel a su natal España. País sumergido en plena dictadura del sanguinario Francisco Franco. Lo que comenzó como un acto de traición a sus principios por parte del director, se convirtió luego en un golpe certero al mencionado régimen que, junto al poderío de la escandalizada Iglesia Católica, consiguió censurar la película por muchos años. Nada de eso importó; Viridiana se alzó con la Palma de Oro del Festival de Cannes, se volvió una obra de culto, una pieza apreciada hasta nuestros días y precursora en muchos sentidos de lo que se gestaría en adelante.

La novicia que da el nombre a la cinta es la protagonista principal de esta historia. Obligada a visitar a su tío antes de tomar los hábitos, Viridiana se verá envuelta en sus juegos sucios; su tío es la imagen del fetichismo, la lujuria, la mentira, y tantos otros tormentos antagónicos a los que cultiva nuestra ‘heroína’. De esta forma vemos como la actuación de Silvia Pinal derrocha sensualidad e inocencia a la par, y de alguna manera nos hace cuestionarnos esta suerte de tabúes que aún hoy perduran y que en aquella época levantaron mucho polvo, sobre todo por su tono anticlerical. El fetiche y la obsesión que invaden a don Jaime se acentúan con una serie de planos centrados en los pies de los personajes, en donde Buñuel destaca con un manejo exquisito de la cámara, con paneos y desplazamientos milimétricos que resaltan la vorágine de sentimientos y deseos reprimidos.

Una desgracia es la que produce que Viridiana renuncie al convento y a partir de ese momento su voluntad apunta a la ayuda a los más necesitados. Qué mejor forma de plasmar los hondos contrastes entre generaciones (la hija de Ramona y el anciano Moncho), las distintas clases sociales (los herederos de don Jaime y los indigentes), diferencias morales (las intenciones de Viridiana, de Jorge y de los propios mendigos), entre otras discrepancias que con el correr del filme se develan en cada uno de los personajes.

La miseria en su paroxismo es puesta al descubierto sin ningún temor. No se trata de un reflejo conmovedor ni compasivo, sino una fiel muestra de las taras existentes en los estratos más bajos de la sociedad. La ignorancia, la procacidad, e incluso la discriminación, están presentes entre estos menesterosos. Memorable sin duda la secuencia en que este grupo se desbanda en excesos, y la recordada parodia de la Última cena en donde Cristo es reemplazado por un ciego que parece no querer advertir la degradación que lo rodea. Este debe haber sido uno de los momentos que más irritó al Vaticano, que publicó en su diario oficial una diatriba que sirvió como detonante para su exclusión de tierras ibéricas.

Pero en el fondo y más allá de tantas lecciones políticas o religiosas, la película busca una reflexión que nos incumbe a todos. Dentro de sus muchos simbolismos, recuerdo con claridad la escena donde Jorge observa un perro atado a un carruaje, obligado a correr para no morir estrangulado. Su piedad lo lleva a comprar al animal para evitar su sufrimiento, pero al retirarse, otro carruaje cruza sin que él lo note, arrastrando a otro can en las mismas penosas condiciones. Entonces cabe preguntarse: ¿esa búsqueda de hacer el bien (la misma que Viridiana lleva a cabo con los mendigos) servirá para menguar de alguna forma el dolor y la calamidad? ¿O es acaso un inútil intento de cambiar una realidad sin esperanza alguna? La respuesta descansa en cada uno de nosotros y muy probablemente yacerá ahí en el interior, inmutable.

El final es contundente e inmejorable: la música, las cartas y el trío inmiscuido en sus secretos a voces nos dejan la sensación de paz y tranquilidad hipócritas, falsas, acomodadas y que intentan ocultar una situación mucho más seria y subrepticia, que no conviene ser mostrada. De esta manera, Buñuel nos hace cómplices y nos deja una joya estética, técnica y, más allá de las connotaciones religiosas tan voceadas, una gran carga de reflexión social aún válida en nuestros días. Definitivamente imperdible.


jueves, 10 de enero de 2008

There Will Be Blood soundtrack


El 2007 fue un año auspicioso para la industria del cine norteamericano, en cuanto algunos de sus mejores directores han hecho entrega de sus nuevos trabajos. Y estas cintas llegan a nuestra cartelera en este verano, oportunidad casi única para disfrutar de un número aceptable de filmes de calidad y satisfacer en parte las hambrientas fauces de cinéfilos exigentes.

Uno de los estrenos más esperados y aclamados alrededor del mundo ha sido “There will be blood”, lo nuevo de Paul Thomas Anderson. Esta película que cuenta con la actuación del siempre eficiente Daniel Day Lewis, aborda la historia de un buscador de petróleo a inicios del siglo pasado. El filme ya ha obtenido premios y nominaciones en diversos rincones del orbe.

Pero el punto que me gustaría resaltar es la banda sonora de la misma, compuesta nada más y nada menos que por Jonny Greenwood, guitarrista de la influyente agrupación británica Radiohead. Piezas musicales bastante intensas que remontan a los antiguos dramas épicos de grandes proporciones del cine de antaño, pero sin perder el toque de innovación y experimentación que caracterizan a su creador.

Sin duda, los fanáticos del cine y de la música esperamos esta prometedora alianza. Mientras tanto, les ofrezco el soundtrack en mención. Más que recomendable, tratándose de Greenwood, y una excelente forma de esperar la llegada de esta película, que luego de varios años nos trae de vuelta a Anderson, uno de los nuevos genios de la cinematografía estadounidense y, por qué no, mundial. Disfrútenlo.


Descargar banda sonora de There Will Be Blood

martes, 8 de enero de 2008

Ludwig Wittgenstein


Los que hayan oído hablar de Ludwig Wittgenstein deben saber que se trata de una de las figuras intelectuales mas prominentes de los últimos tiempos; los que no lo conozcan, deberían ahondar más en la obra de este eximio pensador, filósofo y lingüista, considerado por muchos, como el más brillante desde Kant o Nietzsche. Como muchos otros, fue poco conocido en su tiempo, y aún en la actualidad su trabajo permanece bajo un velo que poco a poco se va corriendo y que en un futuro cercano lo revelará entre los más grandes del pensamiento universal.

Precisar detalles de su vida sería un gesto baladí de mi parte, pues mucha información puede ser encontrada en la web. El motivo de este post es comentar brevemente el libro Aforismos, del autor en mención, obra que recoge muchos de los pensamientos que Wittgenstein dejó desperdigados en cuadernos, anotaciones y borradores de otras obras, y que a pesar de ser bastante concisos, dan una idea general de su manera de pensar en campos tan variados como la filosofía, religión, política, literatura, música, pintura, cine y una gran variedad de disciplinas.

En contraste con su fama de filósofo oscuro y sufrido, estos Aforismos gozan de una vitalidad, acidez, ironía y frescura que hacen muy amena y comprensible su lectura, sin que esto implique que caigan en el facilismo o la simpleza gratuita. Esta característica es la que se ve marcada a lo largo de la obra y la que, a mi parecer, puede ser un buen inicio en el estudio más profundo de su extensa y completa producción.

Podemos observar en muchos pasajes, que Wittgenstein usa el método de imaginar el transcurso de la historia como si fuese diferente. Esto es, tratar de cavilar acerca de las consecuencias o efectos de cierto acto, dependiendo de los supuestos cambios que se pudieron originar en el tiempo.

Wittgenstein también vivió una época de graves tensiones. Al ser judío, sufrió en carne propia las persecuciones nazis y la discriminación que tanto asoló la Europa de aquellos años. Sin embargo, se percibe en su obra una cercanía a nuestra era contemporánea (no apreciada en autores más antiguos por obvias razones) que le otorga una mayor lucidez y ajuste a la realidad como la vivimos hoy en día. Sus palabras resuenan nuevas, recientes, y más acordes a nuestro contexto y coyuntura.

Un hombre enigmático, sorprendente muchas veces, que insistía en que pensamientos o aforismo débiles o inconcisos podían o pueden albergar futuras grandes ideas. Un hombre que por ciertos caprichos propios de un genio, casi nunca terminaba lo que comenzaba a leer. Vale la pena profundizar más en su increíble trabajo y apreciar el talento y la extraordinaria sabiduría que tan perfectamente plasmó en sus escritos. A continuación, algunos aforismos cortos o extractos muy interesantes que creo serán de su agrado.

[32] (…) Lo que pueda alcanzar con una escalera, no me interesa.

[45] El límite del lenguaje se revela en la imposibilidad de describir el hecho que corresponde a una frase (que es su traducción), sin repetir justo esta frase. (…)

[77] Kleist escribió alguna vez que el poeta preferiría transmitir los pensamientos sin utilizar palabras. (Qué extraña confesión).

[121] En mi pensar, como en el de cualquier hombre, cuelgan los restos marchitos de mis pensamientos anteriores (ya muertos).

[162] Seamos humanos.

[171] Esta muerto y podrido. (sobre Jesús)

[176] Nada es tan difícil como no engañarse.

[191] Estoy sentado sobre la vida como el mal jinete sobre el caballo. Debo agradecer a la bondad del animal el no ser derribado ahora mismo.

[260] Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo.

[373] Para quien sabe mucho resulta difícil no mentir.

[405] La fe religiosa y la superstición son muy diferentes. Una surge del temor y es una especie de falsa ciencia. La otra es un confiar.

[487] Una época entiende mal a la otra, y una época mezquina entiende mal a todas las demás en su propia y fea manera.

[500] Cuando llegué a casa esperaba una sorpresa y no había sorpresa alguna para mí; por lo cual, sin duda, quedé sorprendido.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Jimmy Page and The black crowes, live at the greek


Este álbum lanzado en el 2000 contiene material de un concierto realizado por los Black crowes, en el teatro Greek, ubicado en los Ángeles acompañados por Jimmy Page, guitarrista de Led Zeppelín, el repertorio del CD consta de covers hechos por Black crowes a temas de Zeppelín, cabe resaltar que los conciertos (que fueron 2) incluyeron en su repertorio temas propios de los black crowes, canciones como “remedy” o “hard to handle”, sin embargo un problema con la compañía disquerales evitó colocarlas en este CD

Yo considero a este doble CD como una joya en lo que respecta a conciertos pues, la pasión y fuerza que denotan tanto Page (se mete unos riffs improvisados excelentes) como los Crowes además de la sublime voz de Chris Robinson … sin palabras, totalmente recomendado.

CD 1 (descargar)

CD 2 (descargar)




domingo, 9 de diciembre de 2007

Karlheinz Stockhausen 1928 - 2007



Recuerdo que hace unos meses conversaba con mis compañeros de este blog y les comentaba la posibilidad de escribir acerca del compositor Karlheinz Stockhausen. El motivo por el cual no me animaba a publicar un artículo sobre él era la complejidad de su trabajo, y por eso decidí postergar el pequeño proyecto. Sin embargo, hace unos días, Stockhausen dejó este mundo y amerita un humilde homenaje de nuestra parte.

Considerado uno de los más influyentes músicos del pasado siglo, además de innovador, revolucionario, provocador y visionario, nació en Alemania en 1928 y sentó bases importantísimas para lo que sería la música electrónica.

Desde niño se dejó influenciar por la vena musical de su familia, en especial de su madre, tocando el piano y el violín. Tras la muerte de ésta, aparentemente a manos de los nazis, comenzó a estudiar intensamente pedagogía musical de piano, musicología, filosofía, y lengua germánica..

Su catálogo de obras es extenso y variado, por lo cual es difícil clasificarlo. No obstante, destacó por el uso de las matemáticas a la hora de componer, renovó el sonido y su habitual armonía, utilizó uno de los primeros tipos de sintetizadores y experimentó con la aleatoria o casualidad controlada, dentro de su famosa música serial. Además fue director de orquesta.

Polémico hasta más no poder, Stockhausen fue bastante caprichoso en su composición y en su vida diaria. Quizá su mayor desliz fue afirmar que los ataques a las Torres Gemelas del 11 de septiembre fueron ‘la mayor obra de arte que se haya hecho jamás’, comparando su minuciosa preparación y coordinación con la labor de un músico. Desde luego, fue un comentario por el cual muchos los criticaron e incluso lo obligaron a pedir disculpas públicas.

Pero dejando de lado acontecimientos aislados, su obra ha dejado un legado impresionante en el arte. Influyó en músicos como los Beatles (aparece en la portada del Sgt. Pepper’s), Pink Floyd, Miles Davis, David Bowie, Frank Zappa, Björk y notoriamente en Kraftwerk, el grupo electrónico más popular de la historia, entre tantos otros. Además, muchas otras disciplinas se han visto plagadas de su estilo, como es el caso de la pintura de Paul Klee, la literatura de Julio Cortázar, el cine de Godard, e innumerables expresiones que recibieron el poder de su música.

Un autor incomprendido en demasía, que negaba ser futurista al decir que lo moderno de hoy, sería lo tradicional de mañana. Ahora ha muerto y su herencia debe permanecer imperecedera como la de tantos otros genios. Pionero de la vanguardia y referente a los nuevos músicos, Stockhausen debe ser tomado en cuenta en mucha mayor medida de la que se ha hecho hasta el momento.


Los dejo con algo de su trabajo de la década del 50 y con un video interesante de un grupo de músicos tocando una de sus piezas desde unos helicópteros. Realmente desquiciado pero genial. Disfrútenlo.

Elektronische Musik (Parte 1)

Elektronische Musik (Parte 2)